sábado, 7 de abril de 2012

FRANCISCO DE GOYA

Condesa de Chinchón
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1800
 Museo:Museo del Prado
 Características:216 x 144 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

El retrato de la Condesa de Chinchón es posiblemente el más bello y delicado de los pintados por Goya. Quizá venga motivado por el conocimiento de la modelo desde que era pequeña ya que María Teresa de Borbón y Vallábriga era la hija menor del infante don Luis, el primer mecenas del maestro. Goya sentía gran aprecio y cariño por la joven, casada por intereses varios con Manuel Godoy, el poderoso valido de Carlos IV. La Condesa tiene 21 años, después de tres años de matrimonio, y se presenta embarazada de su primera hija, la infanta Carlota. Está sentada en un sillón de época y lleva una corona de espigas en la cabeza - símbolo de su preñez - y un anillo camafeo en el que se intuye el busto de su marido. La luz ilumina plenamente la delicada figura, resbalando sobre el traje de tonos claros, creando un especial efecto atmosférico que recuerda a las últimas obras de Velázquez. A su alrededor no hay elementos que aludan a la estancia, reforzándose la idea de soledad que expresa el bello rostro de la joven. Y es que Goya concentra toda su atención en el carácter tímido y ausente de María Teresa, animando al espectador a admirarla de la misma manera que hacía él mismo. La factura empleada es cada vez más suelta, formando los volúmenes con manchas de luz y color, como observamos en las rodillas que se intuyen bajo el vestido. No debemos olvidar la importante base de dibujo que presenta, especialmente el rostro. La gama de colores cálidos con la que trabaja otorgan mayor delicadeza y elegancia a la figura que, al igual que el pintor, murió en el exilio, ambos en el año 1828. Sin duda, es una pieza clave en la producción del aragonés. 


Aparición_de_la_Virgen_del_Pilar_a_Santiago_y_a_sus_discípulos_zaragozanos
 Aparición de la Virgen del Pilar
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1760-63
 Museo:Colección Particular
 Características:79 x 55 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:
Este magnífico lienzo, que formaba pareja con la Triple Generación, tiene enorme similitud con la escena principal del desaparecido Relicario de Fuendetodos, considerado como la primera obra de Goya. En estas tres primeras escenas, el joven pintor acusa la influencia de su maestro, José Luzán, trabajando en un acentuado estilo barroco en el que predominan las diagonales, las posturas forzadas y el dramatismo de los personajes. También se encuentran referencias de Francisco Bayeu como el aclaramiento de las tonalidades a través de la luz, la mayor amplitud espacial o el abocetamiento. La abigarrada escena se distribuye en diferentes bandas que incluyen personajes: la inferior contempla a Santiago Apóstol acompañado de sus discípulos, elevando su mirada al cielo para agradecer la presencia divina; la zona central está ocupada por ángeles y querubines que portan la imagen de la Virgen del Pilar y la columna donde se posa, mientras que la zona superior nos ofrece una espectacular figura de María sentada entre nubes, vistiendo sus tradicionales colores azul y rosa. Las tonalidades son muy variadas, al igual que la disposición de las figuras en el espacio, síntoma evidente de un joven pintor para agradar a su clientela y demostrar su valía. 
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 Goya gustaba de autorretratarse y lo hizo en numerosas ocasiones. Igual que hizo Velázquez en Las Meninas, él aparece en la Familia de Carlos IV y su imagen inicia la serie de los Caprichos. En este autorretrato del Museo del Prado el pintor tiene 69 años y aunque conserva cierto aire juvenil, podemos apreciar en su rostro los años de trabajo que lleva, con sus alegrías, sus penas y sus sinsabores. También apreciamos su enfermedad, la sordera que casi le aislo del mundo exterior, y la que por esas fechas le irá atacando con mayor fuerza, el "insulto" como le llamaba el artista. Todo ésto nos vuelve a recordar la capacidad como retratista del alma que posee el maestro, abandonando detalles innecesarios y centrando toda su atención en la personalidad. Por eso, la nobleza madrileña le aparta como retratista oficioso y le sustituye por Vicente López, mucho más detallista y halagador.Su forma de trabajar es ahora más personal; casi monócroma, con marrones y negros, contrastando con el blanco del cuello de la camisa y la luminosidad del rostro. Al no darnos cuenta de su oficio ni aparecer con ricos ropajes, se humaniza aun más la figura, tomándole el espectador enorme cariño. 
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 Maja desnuda
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1800 h.
 Museo:Museo del Prado
 Características:97 x 190 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:
La Maja desnuda es la primera figura femenina de la historia de la pintura que muestra el vello púbico, poniendo de manifiesto su originalidad. Además, no es ninguna imagen mitológica sino una mujer de carne y hueso, una imagen moderna como más tarde haría Manet en su Olimpia. Por eso, la Maja desnuda tiene tanto éxito entre los numerosos visitantes del Museo del Prado, junto a su compañera, la Maja Vestida. Sobre ella se ha escrito una ingente cantidad de líneas que no han hecho sino aumentar la incógnita de su realización. En 1800 aparece citada en el gabinete de Godoy, por lo que sería anterior a esa fecha. Los tonos verdosos y blancos empleados por Goya corresponden a los utilizados en las obras de los últimos años del siglo XVIII, como los retratos de Jovellanos o de Josefa Bayeu. Algunos especialistas adelantan su ejecución hasta la época de los Duques de Osuna y sus hijos. Pero ahí no quedan las incógnitas, ya que también desconocemos quién las encargó. Todo hace apuntar a que ambas Majas fueron encargadas por Godoy para decorar su despacho junto a la Venus del espejo de Velázquez y otra Venus de la Escuela veneciana del siglo XVI, manifestando el gusto del valido de Carlos IV por las pinturas de desnudos femeninos, así como su poder, debido a la persecución que conllevaban estas obras, pero Godoy no tenía nada que temer; era el hombre más poderoso del país. También se apunta la posibilidad legendaria de que la Maja sea la Duquesa de Alba, Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, a quien Goya estaba estrechamente unido desde que enviudó ésta y se trasladaron juntos a Sanlúcar de Barrameda. Bien es cierto que su rostro no corresponde al de las Majas, pero es evidente que los rostros son estereotipados, como ya hacía en los cartones para tapiz, precisamente para que no fuera reconocida. Incluso se ha llegado a decir que es el rostro de la Duquesa visto desde abajo. El Duque de Alba exhumó los restos de su antepasada en 1945 para intentar restar veracidad a esta leyenda porque el cuerpo de la Maja sí corresponde con el de Doña Cayetana, con sus huesos pequeños, su cintura de avispa y sus grandes y separados senos. La postura provocativa de la Maja podría incluso sugerir que se trata de una prostituta de alto postín, que se ofrece al mejor postor. La mirada pícara y atrayente puede reforzar esta idea. La Inquisición mandó comparecer a Goya ante sus tribunales por haber pintado las Majas y los Caprichos, pero curiosamente el asunto fue sobreseído gracias a la intervención de un personaje poderoso, quizá el Cardenal don Luis de Borbón o, en último término, el propio Fernando VII, con quien el pintor no mantenía muy buenas relaciones, todo sea dicho. Pictóricamente, es una obra en la que destacan los tonos verdes, en contraste con los blancos y los rosas. La pincelada no es tan larga como acostumbra el artista, a excepción de los volantes de los almohadones, mientras que la figura, situada en primer plano, estaría realizada con mayor minuciosidad, en un enorme deseo de satisfacer al enigmático cliente que encargó las obras. 
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Posiblemente, el retrato de Joaquina Tellez-Girón, Marquesa de Santa Cruz tras su matrimonio con José Silva-Bazán, Marqués de Santa Cruz y primer director del Museo del Prado, sea uno de los más bellos y sensuales pintados por Goya
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LA DUQUESA DE ALBA
Autor: Francisco de Goya y Lucientes
Fecha:1797
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 A diferencia de la Pradera de San Isidro, Goya sí realizó el cartón de la Gallina ciega, basándose en el boceto que había sido presentado a Carlos III. Las escenas debían servir como modelo para los tapices destinados al dormitorio de las infantas en el Palacio de El Pardo, pero el encargo se paralizó por el fallecimiento del monarca. Goya describe la escena como figuras jugando al cucharón, pero ha pasado a la historia con el título de la Gallina ciega. Lo más significativo de la estampa es la perfección con la que han sido captados el movimiento y el ritmo de las figuras, algunas en unos preciosos escorzos. La alegría y la vitalidad envuelven la escena, que se sugiere puede representar al amor ciego. De hecho, las dos figuras de la izquierda están más pendientes de flirtear que del juego en sí. Respecto al color, quizá sea ésta una de las imágenes más colorista del maestro, al utilizar el blanco puro, amarillo y gris. Las pinceladas sueltas vuelven a triunfar, aparentando una minuciosidad en los detalles inexistente.
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 Carlos IV de España con su familia
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1800
 Museo:Museo del Prado
 Características:280 x 336 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

La Familia de Carlos IV supone la culminación de todos los retratos pintados por Goya en esta época. Gracias a las cartas de la reina María Luisa de Parma a Godoy conocemos paso a paso la concepción del cuadro. La obra fue realizada en Aranjuez desde abril de 1800 y durante ese verano. En ella aparecen retratados, de izquierda a derecha, los siguientes personajes: Carlos María Isidro, hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma; el futuro Fernando VII, hijo primogénito de la real pareja; Goya pintando, como había hecho Velázquez en Las Meninas; Doña María Josefa, hermana de Carlos IV; un personaje desconocido que podría ser destinado a colocar el rostro de la futura esposa de Fernando cuando éste contrajera matrimonio, por lo que aparece con la cabeza vuelta; María Isabel, hija menor de los reyes; la reina María Luisa de Parma en el centro de la escena, como señal de poder ya que era ella la que llevaba las riendas del Estado a través de Godoy; Francisco de Paula de la mano de su madre, de él se decía que tenía un indecente parecido con Godoy; el rey Carlos IV, en posición avanzada respecto al grupo; tras el monarca vemos a su hermano, Don Antonio Pascual; Carlota Joaquina, la hija mayor de los reyes, sólo muestra la cabeza; cierra el grupo D. Luis de Parma; su esposa, María Luisa Josefina, hija también de Carlos IV; y el hijito de ambos, Carlos Luis, en brazos de su madre. Todos los hombres retratados portan la Orden de Carlos III y algunos también el Toisón de Oro, mientras que las damas visten a la moda Imperio y ostentan la banda de la Orden de María Luisa. Carlos IV también luce la insignia de las Ordenes Militares y de la Orden de Cristo de Portugal. Alrededor de esta obra existe mucha literatura ya que siempre se considera que Goya ha ridiculizado a los personajes regios. Resulta extraño pensar que nuestro pintor tuviera intención de poner en ridículo a la familia del monarca; incluso existen documentos en los que la reina comenta que están quedando todos muy propios y que ella estaba muy satisfecha. Más lógico resulta pensar que la familia real era así porque, de lo contrario, el cuadro hubiese sido destruido y Goya hubiese caído en desgracia, lo que no ocurrió. El artista recoge a los personajes como si de un friso se tratara, en tres grupos para dar mayor movimiento a la obra; así, en el centro se sitúan los monarcas con sus dos hijos menores; en la derecha, el grupo presidido por el príncipe heredero realizado en una gama fría, mientras que en la izquierda los Príncipes de Parma, en una gama caliente. Todas las figuras están envueltas en una especie de niebla dorada que pone en relación la obra con Las Meninas. Lo que más interesa al pintor es captar la personalidad de los retratados, fundamentalmente de la reina, verdadera protagonista de la composición, y la del rey, con su carácter abúlico y ausente. La obra es un documento humano sin parangón. Estilísticamente destaca la pincelada tan suelta empleada por Goya; desde una distancia prudencial parece que ha detallado todas y cada una de las condecoraciones, pero al acercarse se aprecian claramente las manchas. Goya, a diferencia de Velázquez en Las Meninas, ha renunciado a los juegos de perspectiva pero gracias a la luz y al color consigue dar variedad a los volúmenes y ayuda a diferenciar los distintos planos en profundidad. Fue la primera obra de Goya que entró en el Museo del Prado, siendo valorada en 1834 en 80.000 reales. 
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 Columpio
 Columpio
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1779
 Museo:Museo del Prado
 Características:260 x 165 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:
Este cartón para tapiz sería el primero de la serie de trece realizado por Goya para el antedormitorio de los Príncipes de Asturias en el Palacio de El Pardo. Las criadas de una noble familia han salido al campo con los niños, vestidos con sus mejores galas. Una de ellas se divierte en un columpio mientras otra agarra a la pequeña por los andadores. Al fondo se divisa la carroza mientras unos pastores completan la escena. Las figuras de los pequeños son el centro de atención al resaltarlas con la potente luz del atardecer, resbalando por las sedas de sus elegantes vestidos. Los vivos colores son aplicados con una pincelada rápida, que no para en detalles pero que insinúa las calidades de las telas, característica que se aprecia en toda la obra de Goya. El efecto ambiental es otro de los logros del pintor de Fuendetodos, creando una sensación atmosférica inspirada en Rembrandt y Velázquez,
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 Lechera de Burdeos
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1827
 Museo:Museo del Prado
 Características:74 x 68 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:
Cuando Goya se retira a Burdeos, huyendo tanto de la Corte española que le asfixia como de sus propios terrores, continúa su producción innovando y buscando sin cesar otras vías de expresión. Fruto de aquellas investigaciones es este lienzo, terminado un año antes de su muerte; en él existe un estilo absolutamente suelto, independiente de convenciones dibujísticas o compositivas, en una plenitud de color y trazo que sólo pueden estar ejecutados por la mano madura del creador. El Romanticismo campea ya por Europa y Goya, que fue su primer cultivador, se adhiere a este sentimiento exaltado, en el cual se acerca a la figura de su modelo de forma espontánea, íntima, en pinceladas largas y fluctuantes que, sin embargo, conforman una imagen perfectamente articulada. 
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 Casa de locos
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1815-19
 Museo:Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid)
 Características:45 x 72 cm.
 Material:Oleo sobre tabla
 Estilo:

El mundo de la locura será una obsesión constante en Goya tras sufrir la enfermedad en 1792 que le dejó sordo. Algunas de las estampas de los Caprichos están pobladas por una extraña fauna digna de ser encerrada y en algunas pinturas -véase Corral de locos- también aparece la locura como eje principal. Las Pinturas Negras culminan una temática en la que Casa de locos tiene un papel destacado, quizá por las actitudes de los personajes que la integran. Numerosas figuras desnudas se dispersan por una amplia y abovedada estancia. Observamos a un rey con corona y cetro, un papa con la tiara bendiciendo, un militar, un cornudo y un jefe salvaje junto a un embozado y diversos dementes en diferentes actitudes. Como ocurre en todas las tablas de la serie de "caprichos" de la Academia -Corrida de toros, Procesión de disciplinantes y Auto de fe de la Inquisición son sus compañeras- la individualización de las figuras y sus expresiones se convierten en auténticos protagonistas, más aun por la dificultad al aplicar una pincelada tan rápida y poco precisa. La luz y los espacios han sido perfectamente estructurados en esta escena, resultando la más atractiva del conjunto. 
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 ondesa de Fernán Nuñez
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1803
 Museo:Colección Particular
 Características:211 x 137 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

Los retratos neoclásicos ingleses supondrán para Goya un importante punto de partida, especialmente en los femeninos al situar a sus figuras al aire libre. Este es el caso de Joaquina Candado, la Duquesa de Alba o la Condesa de Fernán Nuñez, cuya joven figura vemos aquí representada. Casada con el Conde de Fernán Nuñez - de quien Goya también hace un retrato que forma pareja con éste - en 1798, doña María Vicenta Solís Lasso de la Vega era por propio derecho Duquesa de Montellano y del Arco. Había nacido en Madrid en 1780 y tenía 23 años cuando posó para este lienzo.La dama se sienta sobre un grueso tronco de árbol en una posición un tanto forzada, al abrir las piernas y tener los pies en direcciones opuestas, en un gesto muy chabacano. Viste traje popular con chaquetilla y mantilla adornada con un gran lazo rojo. La postura de la dama es muy castiza al presentarse con los brazos en jarras, mirando con genio al espectador. El abanico y el medallón con la efigie de su marido completan esta imagen popular, posiblemente indicando el carácter de la retratada como era del gusto de Goya, como si se tratara de una maja sacada de un cartón para tapiz. Resulta significativo el contraste entre las calidades táctiles del vestido y el rostro, a través de una pincelada más detallista, y el abocetamiento del paisaje obtenido a base de grandes manchas, alejándose de la órbita de Velázquez

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 Fecha:1797/98
 Museo:Museo del Prado
 Características:205 x 123 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:
Jovellanos fue el gran hombre de la Ilustración española. En el momento en que Goya le hizo este retrato, por el que cobró 6.000 reales, había sido nombrado Ministro de Gracia y Justicia y estaba en el punto más álgido de su carrera política. Posteriormente empezó su declive, fue procesado por la Inquisición e incluso encarcelado. Su relación con Goya debió ser muy estrecha, admirando sus obras y compartiendo ambos el interés por la pintura de Velázquez. La responsabilidad a la que tenía que enfrentarse Jovellanos desde su Ministerio provoca que aparezca con carácter melancólico y pensativo, apoyándose en la mesa que sostiene la estatua de Minerva, diosa de la sabiduría y protectora de las artes. Sobre la mesa vemos papeles y plumas que indicarían la frenética actividad que debía desarrollar el político. Conviene destacar cómo Goya ha sabido mostrarnos el carácter del retratado, cualidad que se repetirá en todos sus retratos. Ha dejado de ser el pintor adulador para convertirse en el retratista veraz y sincero que pinta a sus personajes según le impresionan. Otro rasgo de la obra de Goya es su factura suelta, como se observa en la mesa o en el sillón, pero capaz de darnos la calidad de las telas (terciopelo en los pantalones, seda en las medias) de manera exquisita. La obra fue adquirida por el Ministerio de Educación con destino al Museo del Prado en abril de 1974, pagándose por ella 40,5 millones de pesetas. 
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 Duquesa de Abrantes
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1816
 Museo:Museo del Prado
 Características:92 x 70 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:
Los Duques de Osuna fueron los primeros nobles que protegieron a Goya. Gracias a ellos el pintor consiguió hacerse con el puesto de retratista "oficial" de la corte madrileña, estableciendo una excelente relación con sus mecenas. El retrato familiar que Goya pintó en 1788 supone uno de sus hitos, igual que el retrato de la Marquesa de Santa Cruz, una de las hijas. La retratada aquí era la hija menor de los Duques, doña Manuela Isidra Téllez Girón que había nacido en 1794, seis años después del retrato colectivo por lo que evidentemente no aparece en él. Contrajo matrimonio con el Duque de Abrantes en 1813 -de ahí el título que aquí ostenta- siendo retratada por Goya en 1816, por expreso deseo de la Duquesa de Osuna que regaló el lienzo a su hija. Fueron 4.000 los reales que el pintor recibió por el encargo, uno de los más espectaculares entre los ejecutados en la década de 1810 y curiosamente el último de una dama de la alta nobleza que pintara el aragonés, tras la llegada a la corte de Vicente López como nuevo retratista "oficial" del siglo XIX. Doña Manuela aparece de medio cuerpo, recortada su elegante figura sobre un fondo neutro, vistiendo un escotado traje azul estilo Imperio con un chal amarillento. Se corona con una guirnalda de flores y adorna su cuello con collar de perlas y su muñeca izquierda con pulsera a juego; en su mano derecha sujeta una partitura mientras con la izquierda se recoge el chal. La delicadeza de la figura la hace aun más atractiva, interesándose el pintor por captar su fija mirada y su rictus alegre. Resulta sorprendente el contraste entre las calidades de las telas espléndidamente resaltadas por el pincel detallista de Goya y la rapidez de la factura en otras zonas como los pliegues del chal o las rosas de la guirnalda, elemento éste donde el genio aragonés parece anticiparse al Impresionismo
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 Duquesa de Alba
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1795
 Museo:Colección Particular
 Características:194 x 130 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

La relación entre Goya y la Duquesa de Alba se remonta a los años iniciales de la década de 1790. Al adentrarse el maestro en los círculos aristocráticos -de la mano de la Duquesa de Osuna- se puso en contacto con los Duques de Alba y su particular entorno. En 1795, el pintor realizó un retrato al Duque y otro a la Duquesa, formando pareja. Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, XIII Duquesa de Alba, era una de las mujeres más atrayentes del Madrid de la Ilustración. Su belleza ha sido cantada por poetas y músicos; de ella decían que era tan bella que cuando paseaba por la calle todo el mundo la miraba desde las ventanas y hasta los niños dejaban sus juegos para contemplarla. Casada a los 13 años y viuda a los 34, murió una vez cumplidos los 40 años posiblemente envenenada, según las malas lenguas, por la reina María Luisa de Parma. Doña Cayetana tenía un fuerte temperamento y era conocida en los suburbios de Madrid por disfrazarse de maja y participar en las fiestas populares. Protectora de actrices, poetas, pintores y toreros, llegaba a disputarse los favores de los bellos jóvenes con otras cortesanas, incluso con la propia reina. Todo un personaje como puede apreciarse. Goya ha retratado a la Duquesa ataviada con un elegante vestido de gasa blanca, adornado con una cinta roja en la cintura y varios lazos del mismo color en la pechera y en el pelo y un collar. La acompaña un perrillo faldero que simboliza la fidelidad, posiblemente la que le profesaba el mismo pintor. La belleza de la dama es perfectamente interpretada por el aragonés, aunque debamos considerar diferente el canon de belleza del siglo XVIII al actual. La figura de la aristócrata se recorta sobre un fondo de paisaje, recordando los retratos del inglés Gainsborough. El colorido del fondo está armonizado con tonos -ocres y grises- agradables a la vista; los del vestido también están estudiados al detalle, interesándose por las calidades de las telas. Goya no ha dejado nada al azar para configurar un retrato que agrade a doña Cayetana, de la que el pintor se enamorará. 
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 La Primavera, Floreras
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1786-87
 Museo:Museo del Prado
 Características:277 X 192 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

Las Floreras, junto a sus compañeros la Nevada, la Vendimia y la Era, formaba parte de una serie magnífica de cartones para tapiz con la temática de las cuatro estaciones, destinada a servir como modelo para la decoración del comedor del Príncipe en el Palacio de El Pardo, estancia que desconocemos su emplazamiento en la actualidad. Hay que advertir que han pasado 6 años desde los últimos encargos para la Real Fábrica de Tapices -la Novillada o las Lavanderas- debido al cierre de ésta por problemas económicos. Estos años van a suponer un avance en el estilo de Goya, fundamentalmente en el empleo de la luz. La escena recoge el momento en el que una florera entrega una rosa a una muchacha que va acompañada de una niña, mientras un hombre nos pide silencio y muestra un conejo, siempre considerado como símbolo de fertilidad, en referencia a la estación representada. La luz que baña las figuras es totalmente primaveral, al igual que los tonos claros empleados. La pincelada es sorprendentemente suelta, obteniendo los detalles de los vestidos a través de manchas de color. La composición piramidal es un recurso ya utilizado por Goya en la Cometa o el Ciego de la guitarra, debido al gusto por este esquema en la época. Muy interesante es el gesto de la pequeña, tirando de la mano de la mujer para que ande, en una actitud totalmente infantil. 
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Gumersinda Goicoechea
 Gumersinda Goicoechea
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1805
 Museo:Colección Particular
 Características:8 cm. diámetro
 Material:Oleo sobre lámina metálica
 Estilo:
Esposa de Javier Goya, con quien contrajo matrimonio en 1805. La pareja no dio excesivas alegrías al maestro, teniendo que darles continuas explicaciones de su situación económica. El hijo de ambos, Marianito, sí fue el mejor regalo que se pudo hacer al anciano Goya, siendo siempre la "niña de sus ojos". Gumersinda era hija de Martín Miguel de Goicoechea y Juana Galarza; en este pequeño retrato no muestra excesiva alegría, destacando su gesto mohíno y su mirada distante, sirviendo de ejemplo para observar la capacidad que tenía Goya de expresar la forma de ser de sus modelos.
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 Josefa Bayeu
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1797-98
 Museo:Museo del Prado
 Características:82 X 58 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

Resulta dudoso considerar que ésta sea la esposa de Goya, ya que la Pepa, como era llamada familiarmente por su marido, había nacido en Zaragoza en 1747, por lo que por esas fechas tendría 50 años, sí es que la datación es correcta. Sí se trata de la esposa, debemos decir que casi no influyó en la vida del maestro, ya que era una persona hogareña, ingenua y bondadosa. Lo que no se puede dudar es que nos encontramos ante un bellísimo retrato femenino de alguien cercano al pintor, por el cariño depositado en la obra. Los ojos de la mujer hablan por si solos, llenos de candor e inocencia. Aparece sentada en un sillón, con una pañoleta blanca transparente que ha sido perfectamente representada por el pintor, con las manos enguantadas sobre el regazo, vistiendo un traje oscuro con adornos dorados en las mangas. La figura se recorta sobre un fondo neutro, muy oscuro; pero lo que más llama nuestra atención es el rostro y lo que transmite al espectador. A partir de ahora, los retratos de Goya son especiales porque captará la personalidad del modelo, su psicología; ante ellos podemos sentir cariño o rabia, pero nunca nos dejarán indiferentes. 
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Juana Galarza
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1805 h.
 Museo:Museo del Prado
 Características:81 mm.
 Material:Oleo sobre lámina metálica
 Estilo:

Con motivo de la boda de su hijo Javier con Gumersinda Goicoechea, Goya decidió retratar en pequeña láminas de cobre a toda la familia de su nuera para complacerla e iniciar la relación entre ambas familias con buen pie. Cierto es que en el exilio de Goya en Burdeos mantuvieron un excelente contacto, llegando su consuegro, Martín Miguel de Goicoechea, a compartir su tumba con el pintor.Su consuegra, Juana Galarza, aparece aquí bastante idealizada, reflejando su elevado estatus económico gracias a un próspero negocio de telas y bisutería. Precisamente por eso porta una preciosa cofia de encajes y una cadena de oro de varias vueltas. La factura utilizada es la misma que en los grandes lienzos, a base de pequeñas y certeras pinceladas, sin detenerse en exceso en los detalles, sólo en lo concerniente a las calidades de las telas. La figura, de busto, se recorta sobre un fondo neutro para conseguir mayor volumen, técnica ya empleada por Tiziano
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La Tirana
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1799
 Museo:Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid)
 Características:206 x 130 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

En 1794 Goya pintó un retrato de medio cuerpo de esta popular actriz. Cinco años más tarde nos brinda uno de las mejores muestras de la retratística goyesca. La Tirana posa al aire libre, observándose al fondo una verja de hierro y una fuente, relacionándose con los retratos ingleses del Neoclasicismo. La figura está plenamente iluminada, vistiendo un escotado traje de gasa blanca adornado con una estola rojiza con flecos dorados, igual que el vestido. El rostro de doña María del Rosario Fernández es el principal centro de atención por su gesto de fuerza. Su apodo venía por su esposo, también actor, al que le daban todos los papeles de "malo". La luz resbala por el vestido de manera magistral, apreciándose la rapidez de la factura del artista, en un claro precedente de la pintura impresionista. La postura algo forzada del brazo derecho es muy típica en los retratos de Goya ya que incrementaba el precio de sus obras al pintar las manos y de esta manera las disimulaba. Protegida por la Duquesa de Alba, la Tirana estaba en su máximo momento de esplendor en las "tablas" madrileñas. 
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La esposa del librero
 La esposa del librero
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1805 h.
 Museo:National Gallery (Washington)
 Características:109´9 x 78´2 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:
Desconocemos la identidad exacta de esta bella dama, uno de los retratos femeninos más atractivos de los primeros años del siglo XIX, momentos en los que Goya hace sus más sugerentes retratos femeninos como la Marquesa de Santa Cruz, Isabel Cobos de Porcel o la Condesa de Chinchón. La dama aparece de medio cuerpo, vistiendo elegante traje estilo Imperio que acentua su pecho y su cintura, con blanca mantilla cubriéndole la cabeza y el escote. Los torneados brazos se esconden bajo largos guantes blancos, sujetando con sus manos la mantilla y un abanico. Pero las calidades de las telas no impiden que nuestra mirada se dirija al atractivo rostro, cuya mirada viva e inteligente se convierte en el centro de atención del lienzo. A pesar de las largas pinceladas, Goya crea un atractivo conjunto en el que no se pierde ningún detalle. 
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La carta, Las jóvenes
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1814-19
 Museo:Museo BB. AA. de Lille
 Características:181 x 125 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

Se desconoce con seguridad cual podría ser el asunto de esta obra protagonizada por una elegante joven que lee una nota, acompañada de su sirviente que se afana en abrir la sombrilla para que el sol no moleste a su dama. Tras ellas encontramos una serie de figuras, algunas de las cuales se identifican con lavanderas. Podría tratarse de una referencia a la prostitución - el oficio de lavandera estaba considerado como sinónimo de disposición sexual - encontrándonos ante una joven que empezó como sus compañeras para dar el salto hacia el oficio más viejo del mundo, ajena a las risas y críticas de los personajes que encontramos tras ella. La pincelada rápida, a base de manchas, y el empleo de la luz sitúan esta obra en la antesala del Impresionismo. El fuerte fogonazo de luz impacta de lleno en la protagonista, destacando su busto, mientras en la acompañante se distorsionan los contornos al igual que en las figuras del fondo. El empleo de tonalidades oscuras sitúan a esta bella imagen en las cercanías de las Pinturas Negras
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  La merienda
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1788
 Museo:National Gallery de Londres
 Características:41´3 x 25´8 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

La merienda formaba parte de los bocetos que Goya presentó para la decoración del dormitorio de las Serenísimas Infantas del Palacio de El Pardo. El Gato acosado, la Pradera de San Isidro, la Ermita de San Isidro y La gallina ciega eran sus compañeros. Solamente se pasó la Gallina ciega a cartón debido al fallecimiento de Carlos III en diciembre de 1788, por lo que el proyecto se paralizó. Esta imagen que observamos refleja una parte de la romería, el hilo conductor de toda la serie. Dos jóvenes elegantemente vestidos han merendado y unos majos se han acercado para festejar con ellos. La joven engalanada observa como su compañero se lleva las manos a la cabeza y se tumba indicando el estado de embriaguez. El majo que intenta flirtear con la joven sujeta un vaso en su mano mientras que sus amigos observan la escena desde el fondo. Las figuras presentadas por Goya exhiben gran expresividad, a pesar de tratarse de un boceto en el que la pincelada es rápida. La composición en triángulo y la amplitud de la masa arbórea son características comunes a buena parte de los cartones. 
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  Maja vestida
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1800 h.
 Museo:Museo del Prado
 Características:97 x 190 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

Las Majas se pueden considerar las obras maestras de Goya, tanto por la leyenda que existe a su alrededor como por las propias imágenes en sí. Hay que advertir que le causaron problemas con la Inquisición en 1815, de los que le libró alguien con poder, quizá el Cardenal don Luis de Borbón o, en último término Fernando VII, a pesar de que la relación entre ambos no era buena. La Maja Vestida tiene menos fama que la Maja Desnuda, pero no deja de ser igual de bella. Es una mujer de la aristocracia, por su traje de alto copete, tumbada en un diván sobre almohadones, en una postura claramente sensual porque se lleva los brazos detrás de la nuca. La pincelada empleada aquí por Goya es más suelta, más larga que en su compañera, lo que hace pensar que sería posterior. El colorido de tonalidades claras aumenta la alegría de la composición. Alrededor de estas obras existen muchos aspectos legendarios; siempre se ha considerado que la representada es la Duquesa de Alba, por la estrecha relación entre ambos, a pesar de que el rostro haya sido reconstruido por el pintor para dar mayor enigma al asunto. Incluso el propio Duque de Alba decidió exhumar los restos de su antepasada, en 1945, para probar lo incierto de la leyenda. El primer director del Museo del Prado afirmó que la modelo era una protegida del padre Bari, amigo del artista, pero la opción que adquiere mayor credibilidad es que fueron encargadas por Godoy, valido de Carlos IV y hombre más poderoso de aquellos días, para decorar su gabinete, instaladas con un mecanismo de muelles que permitía el intercambio de ambos cuadros dependiendo de la visita. La Venus del espejo de Velázquez y una Venus de la Escuela italiana del siglo XVI serían sus compañeras. Para muchos espectadores, la Maja Vestida es más atractiva que su compañera por lo ajustado de sus vestidos y la postura provocativa, ya se sabe que muchas veces resulta más erótico insinuar que mostrar
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 Majas al balcón
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1810-12
 Museo:Colección Particular
 Características:162 x 117 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

Los asuntos de género vuelven a ocupar los lienzos de Goya durante la Guerra de la Independencia, posiblemente debido a la escasez de encargos. Entre éstos sobresale el cuadro de las Majas al balcón en el que dos jóvenes, elegantemente ataviadas, se asoman a un balcón para ofrecer sus encantos a la clientela. Tras ellas aparecen dos embozados que "protegen" a las jóvenes, haciendo de proxenetas. También se sugiere que se tratataría de dos jóvenes aristocráticas que observan lo que ocurre en la calle, protegidas por dos matones, pero parece más verosimil la primera opcion. Y es que el tema de la prostitución fue frecuentemente empleado por Goya en sus Caprichos, debido al deseo de crítica a la sociedad ilustrada existente en estos grabados y en buena parte de sus lienzos.Goya ha organizado la perspectiva a través de una sucesión de planos paralelos en profundidad, cerrando la escena con un fondo neutro sobre el que se recortan los embozados. Sobre éstos se colocan a su vez las majas. Precisamente las dos muchachas son especialmente atractivas para el espectador por sus bellos rostros y sus elegantes vestidos y mantillas. El maestro juega con los contrastes cromáticos al emplear negros, blancos y dorados, aplicados con una pincelada rápida que no se preocupa por los detalles, aunque sí se obtienen las calidades de las telas - la seda de los vestidos o el encaje de las mantillas -. La luz dorada envuelve la imagen, recordando a la Familia de Carlos IV aunque la temática sea absolutamente diferente. Eugenio Lucas continuará durante el siglo XIX con esta temática tan goyesca de las prostitutas asomadas al balcón, acompañadas bien de sus chulos o de las alcahuetas. Incluso el impresionista Edouard  Manet tratará esta temática años más tarde 
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Mariano Goya
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1815 h.
 Museo:Museo del Prado
 Características:59 x 47 cm.
 Material:Oleo sobre tabla
 Estilo:

Mariano era el hijo primogénito de Francisco Javier Goya y Gumersinda Goicoechea. Había nacido en Madrid en 1806 y siempre sería la debilidad del anciano pintor. Sentía Goya verdadera pasión por su nieto, estando siempre pendiente del pequeño; cuando el artista falleció en Burdeos en 1828 Mariano estaba presente, una muestra más de la intensa relación entre ambos. Aquí vemos a Marianito a la edad de diez años aproximadamente, tras pasar el horror de la Guerra de la Independencia, representado de medio cuerpo vistiendo traje negro, sombrero a juego y bordado cuello de encaje blanco. En su mano derecha agarra un papel con fuerza mientras que la izquierda se la lleva a la cintura, en un gesto muy repetido por el artista para no pintar las manos. Tras el niño contemplamos una partitura que quizá indicaría la afición musical del pequeño. El fondo neutro sirve para otorgar mayor volumen al cuerpo y la cabeza de Mariano, siendo ésta el principal centro de atención. La luz procedente de la izquierda parece esculpir su atractivo rostro como si se tratara de una estatua, haciendo sus inteligentes ojos más negros de lo que verdaderamente son. La pincelada rápida vuelve a protagonizar un lienzo ejecutado con cariño, en el que los detalles se omiten para concentrarnos en la ausente figura del nieto, quien fallecerá en 1874 habiendo vendido la Quinta del Sordo, lugar para donde Goya realizó sus Pinturas Negras
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  Marquesa de Lazán
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1804 h.
 Museo:Colección Particular
 Características:193 x 115 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

María Gabriela Palafox y Portocarrero, Marquesa de Lazán gracias a su matrimonio con su primo Luis Rebolledo de Palafox y Melzi, es la protagonista de este exquisito lienzo. Goya la retrató cuando los marqueses estaban en el círculo del Príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII. La elegante y refinada dama tenía unos 25 años y era una de las jóvenes más bellas de la corte madrileña. Viste traje estilo imperio que acentua su busto, sobre el que resbala una luz potente y clara que procede de la izquierda. Se apoya sobre un sillón, creando sensación de volumen y perspectiva, acentuada al recortar la silueta sobre un fondo en tonos oscuros, como hacían Tiziano y Tintoretto.

El aire distante y distinguido, lleno de coquetería y gracia, con que Goya nos muestra a la aristócrata indica cual es la preocupación del maestro: la personalidad de sus modelos, transmitiendo siempre al espectador alguna sensación - ya sea positiva o negativa - para nunca dejarnos intranscendentes e implicarnos a valorar el personaje retratado. Los tonos empleados están en perfecta armonía, jugando con las zonas de clara sombra para otorgar profundidad al conjunto. La factura es bastante suelta, aplicada a base de pequeños toques de color y de luz que apenas permiten apreciar los detalles. Se podría hablar incluso de cierte influencia de Gainsborough, el maestro que más admiraba Goya entre los retratistas ingleses del siglo XVIII.

Esta década inicial de 1800, con los retratos de la Marquesa de Santa Cruz, la Condesa de Chinchón, la Familia de Carlos IV y éste de la Marquesa de Lazán, supone el hito más alto en la retratística de Goya. 
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  Marquesa de Santa Cruz
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1797-99
 Museo:Museo Nacional del Louvre
 Características:142 x 97 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

Los retratistas ingleses del siglo XVIII -Gainsborough y Reynolds- fueron una importante fuente de inspiración para Goya. La idea de sacar a los modelos al aire libre atraería al maestro de Fuendetodos. Este retrato que contemplamos o los de la Marquesa de Pontejos o la reina María Luisa con mantilla serán buenas muestras de este estilo. La Marquesa de Santa Cruz viste un elegante traje de color negro que se intentaba poner de moda en Europa. En su mano izquierda porta un abanico y su cabeza se adorna con un gran lazo en tonos rosas; la figura se sitúa en un paisaje nuboso, perfectamente integrado con los tonos oscuros del vestido. La mirada alegre y atractiva sugieren una relación amistosa entre el pintor y la aristócrata, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y hábil copista y miniaturista. La factura empleada por Goya resulta muy viva al aplicar largas pinceladas de color que no definen los contornos, otorgando una sensación de abocetado al conjunto. Esta técnica, junto a la elegancia de la noble y el aire intimista que se respira, hacen de este retrato uno de los mejores entre los salidos de los pinceles del maestro en los últimos años del siglo XVIII. Mariana Waldstein, natural de Viena, se casó con el Marqués de Santa Cruz -bastante mayor que ella- en 1781. Será la suegra de Joaquina Tellez Girón, hija de los Duques de Osuna y también Marquesa de Santa Cruz, retratada por Goya en 1805, guardándose esta delicada obra en el Museo del Prado
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  Marquesa de Pontejos
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1786 h.
 Museo:National Gallery (Washington)
 Características:211 x 126 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

La influencia del retrato inglés - especialmente de Gainsborough - va a marcar buena parte de la obra de Goya, siempre abierto a recibir nuevos aires creativos. La situación de las figuras al aire libre fue lo que más llamó la atención al aragonés de los retratos británicos.Mariana de Pontejos nació en 1762 y se casó en 1786 con el hermano del Conde de Floridablanca. Se considera la fecha de su boda como aceptable para situar la de estel retrato. Aparece en un jardín, vestida con un elegante traje en tonos grises adornado en la sobrefalda con cintas blancas, flores rosas y una cinta en la cintura del mismo color. Se toca con un sombrero de color crema y calza chapines de tacón. Asi vestida parece una modelo de alta pasarela del siglo XVIII.Goya muestra especial atención por los detalles que adornan el precioso traje y por la sensación de gasa de la sobrefalda. El paisaje otorga frescura y perspectiva al conjunto, mientras el perro en escorzo del primer plano simboliza la fidelidad. Los tonos grises, rosas, verdes y blancos empleados crean una gama cromática perfecta, otorgando mayor elegancia a la aristócrata. Con este tipo de retratos Goya triunfará en los círculos cortesanos madrileños. 
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 María Luisa con mantilla
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1799-1800
 Museo:Museo del Prado
 Características:208 X 127 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:
El original del retrato de la reina María Luisa con mantilla está en el Palacio Real de Madrid. El cuadro que contemplamos en el Museo del Prado se considera copia, y para algunos especialistas sería obra de Agustín Esteve.La reina aparece de pie, vistiendo traje negro de maja con mantilla y lazo rosa, sobre un fondo de paisaje muy esbozado. En la mano derecha lleva un abanico y la izquierda se adorna con varios anillos. María Luisa no era una mujer bella y ella lo sabía, pero estaba muy orgullosa de sus bien torneados brazos que siempre exhibía, como ocurre en esta ocasión. Habitualmente la vemos con la boca cerrada ya que había perdido todos sus dientes; aunque tenía dentadura postiza en la que trabajaban múltiples mecánicos, sus dificultades de adaptación provocaron que muy pocas veces la llevase.Las transparencias de la mantilla son dignas de mención; sin embargo, las demás calidades de las telas no están bien conseguidas - posiblemente incapacidad de Esteve a la hora de copiar -. Pero lo más significativo de la obra es la facilidad del maestro para dejarnos ver la personalidad de la reina, en la que destacaban su genio, su carácter y su altivez. 
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 Duelo a Garrotazos
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes
 Fecha:1820-23
 Museo:Museo del Prado
 Características:123 x 266 cm.
 Material:Oleo sobre lienzo
 Estilo:

Duelo a garrotazos es la más popular de las Pinturas Negras realizadas por Goya para decorar las salas principales de la Quinta del Sordo, donde vivió, desde 1819 hasta 1824, junto a Leocadia Zorrilla y su hija Rosarito. La sala superior era donde estaba colocada la obra, compartiendo la pared con las Parcas. En la escena vemos a dos hombres, enterrados hasta las rodillas, que luchan a bastonazos; según muestran las radiografías, Goya no enterró a ambos personajes, sino que fue el restaurador de toda la serie, Martínez Cubells. Al fondo se observa un paisaje donde también se aprecia la mano del restaurador. El Duelo a garrotazos siempre ha sido considerado como un enfrentamiento fratricida, aludiendo a las guerras civiles españolas, aunque se puede extender a la violencia innata del ser humano que tanto criticaba la Ilustración. Por lo tanto, sería la imagen más real y cruel de las Pinturas Negras, donde se elimina todo elemento fantástico. Es una de las más coloristas de la serie, lo que puede ser interpretado como un rayo de esperanza y de vida tras el final de la violencia. Demuestra, por tanto, la preocupación de Goya por la situación política que le tocó vivir, angustia que llevó hasta su propia casa. 
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PINTURAS NEGRAS DE GOYA
 
"El aquelarre"


"Viejo y vieja tomando sopa"





Las Pinturas Negras

de Don Francisco de Goya


Pinturas negras es el nombre que recibe una serie de catorce cuadros de Francisco de Goya pintados con la técnica de óleo al secco (sobre la superficie de revoque de la pared) como decoración de los muros de su casa, llamada "La Quinta del Sordo", que el pintor adquirió en febrero de 1819 y que fueron trasladadas a lienzo en 1873. Actualmente se conservan en el Museo del Prado de Madrid.


En la última etapa de su vida, Goya se quedó sin amigos, su sordera fue en aumento, tuvo problemas con la inquisición y se volvió solitario y huraño, y como si todo eso fuera poco, cargaba ya con 74 años.
Es en esta etapa cuando realiza las llamadas pinturas negras, pintadas con colores oscuros y sombríos sobre las paredes de su casa madrileña, la popularmente conocida como “Quinta del sordo”.

Los temas son siniestros, fantasmagóricos y sórdidos: brujería, aquelarres, violencia, personajes tenebrosos, etc. La España de su época (principios del siglo XIX) queda retratada en su vertiente más horrible y oscura.

Antes de que la Quinta del sordo fuese demolida, las pinturas fueron arrancadas de la pared y trasladadas a lienzos, pero la técnica en aquellas épocas no era muy avanzada y el responsable del trabajo destruyó partes, añadió otras y no fue realmente muy respetuoso con el original de Goya.
Los cuadros son de lo más expresivo que podemos encontrar, los temas muy originales, y la visión de todo ello, completamente pesimista.






Dos viejos


Dos viejos comiendo

El Estilo


Goya fue evolucionando visiblemente en su técnica pictórica a lo largo de los años. En estas pinturas negras puedes observar una pincelada suelta y deshilachada, llena de fuerza expresiva, colores pardos, ocres y negruzcos y, a veces, contrastes de luces-sombras muy acusados. No le importa el realismo sino el reflejo de lo horrendo mediante formas desencajadas, alteradas, expresiones terribles y gestos esperpénticos.

En realidad lo importante para él no es reflejar fielmente los cuerpos sino las expresiones que estos trasmiten, de este modo no vemos formas perfectamente definidas, contornos claros, musculaturas, etc. Y sí vemos desesperación, salvajismo, tristeza y sordidez.





La Quinta del Sordo



La Quinta del Sordo era el nombre de una pequeña finca y casa de campo situada a las afueras de Madrid en la que vivió Francisco de Goya durante sus últimos años en España antes de su exilio, y en la que se hallaban las Pinturas negras. En contra de la creencia popular, el nombre del inmueble no se debía a la sordera del pintor, sino a la de su anterior propietario.




Aspecto de la Quinta del Sordo hacia 1900
 FRANCISCO DE GOYA
Los grandes genios son siempre difíciles de encasillar. Habitualmente, ellos marcan las pautas de un estilo concreto pero a veces, y es el caso de Goya, se desvinculan del estilo característico de su tiempo. Quizá la figura de Goya sea más atrayente por lo que supone de ruptura. Francisco de Goya y Lucientes nace en un pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza llamado Fuendetodos el 30 de marzo de 1746. Sus padres formaban parte de la clase media baja de la época; José Goya era un modesto dorador que poseía un taller en propiedad y poco más, de hecho "no hizo testamento porque no tenía de qué" según consta en su óbito parroquial. Engracia Lucientes pertenecía a una familia de hidalgos rurales venida a menos. La familia tenía casa y tierras en Fuendetodos por lo que el pintor nació en este lugar, pero pronto se trasladaron a Zaragoza. En la capital aragonesa recibió Goya sus primeras enseñanzas; fue a la escuela del padre Joaquín donde conoció a su amigo íntimo Martín Zapater y parece que acudió a la Escuela de dibujo de José Ramírez. Con doce años aparece documentado en el taller de José Luzán, quien le introdujo en el estilo decadente de finales del Barroco. En este taller conoció a los hermanos Bayeu, muy importantes para su carrera profesional. Zaragoza era pequeña y Goya deseaba aprender en la Corte; este deseo motiva el traslado durante 1763 a Madrid, participando en el concurso de las becas destinadas a viajar a Italia que otorgaba la Academia de San Fernando, sin obtener ninguna. En la capital de España se instalará en el taller de Francisco Bayeu, cuyas relaciones con el dictador artístico del momento y promotor del Neoclasicismo, Antón Rafael Mengs, eran excelentes. Bayeu mostrará a Goya las luces, los brillos y el abocetado de la pintura. Durante cinco años permaneció en el taller, concursando regularmente en el asunto de la pensión, siempre con el mismo resultado. Así las cosas, decidió ir a Italia por su cuenta; dicen que llegó a hacer de torero para obtener dinero. El caso es que en 1771 está en Parma, presentándose a un concurso en el que obtendrá el segundo premio; la estancia italiana va a ser corta pero muy productiva. A mediados de 1771 está trabajando en Zaragoza, donde recibirá sus primeros encargos dentro de una temática religiosa y un estilo totalmente académico. El 25 de julio de 1773 Goya contrae matrimonio en Madrid con María Josefa Bayeu, hermana de Francisco y Ramón Bayeu por lo que los lazos se estrechan con su "maestro". Los primeros encargos que recibe en la Corte son gracias a esta relación. Su destino sería la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, para la que Goya deberá realizar cartones, es decir, bocetos que después se transformarán en tapices. La relación con la Real Fábrica durará 18 años y en ellos realizará sus cartones más preciados: Merienda a orillas del Manzanares, El Quitasol, El Cacharrero, La Vendimia o La Boda. Por supuesto, durante este tiempo va a efectuar otros encargos importantes; en 1780 ingresa en la Academia de San Fernando para la que hará un Cristo crucificado, actualmente en el Museo del Prado. Y ese mismo año decora una cúpula de la Basílica del Pilar de Zaragoza, aunque el estilo colorista y brioso del maestro no gustara al Cabildo catedralicio y provocara el enfrentamiento con su cuñado Francisco Bayeu. Al regresar a Madrid trabaja para la recién inaugurada iglesia de San Francisco el Grande por encargo de un ministro de Carlos III. En Madrid se iniciará la faceta retratística de Goya, pero será durante el verano de 1783 cuando retrate a toda la familia del hermano menor de Carlos III, el infante D. Luis, en Arenas de San Pedro (Ávila), sirviéndole para abrirse camino en la Corte, gracias también a su contacto con las grandes casas nobiliarias como los Duques de Osuna o los de Medinaceli, a los que empezará a retratar, destacando la Familia de los Duques de Osuna, uno de los hitos en la carrera de Goya. Carlos IV sucede a su padre en diciembre de 1788; la relación entre Goya y el nuevo soberano será muy estrecha, siendo nombrado Pintor de Cámara en abril de 1789. Este nombramiento supone el triunfo del artista y la mayor parte de la Corte madrileña pasa por su estudio para hacerse retratos, que cobra a precios elevados. Durante 1792 el pintor cae enfermo; desconocemos cuál es su enfermedad pero sí que como secuela dejará a Goya sordo para el resto de sus días. Ocurrió en Sevilla y Cádiz y en Andalucía se recuperará durante seis meses; esta dolencia hará mucho más ácido su carácter y su genio se verá reforzado. El estilo suave y adulador dejará paso a una nueva manera de trabajar. Al fallecer su cuñado en 1795 ocupará Goya la vacante de Director de Pintura en la Academia de San Fernando, lo que supone un importante reconocimiento. Este mismo año se iniciará la relación con los Duques de Alba, especialmente con Doña Cayetana, cuya belleza y personalidad cautivarán al artista. Cuando ella enviudó, se retiró a Sanlúcar de Barrameda y contó con la compañía de Goya, realizando varios cuadernos de dibujos en los que se ve a la Duquesa en escenas comprometidas. De esta relación surge la hipótesis de que Doña Cayetana fuera la protagonista del cuadro más famoso de Goya: la Maja Desnuda. Pero también intervendrá en la elaboración de los Caprichos, protagonizando algunos de ellos. En estos grabados Goya critica la sociedad de su tiempo de una manera ácida y despiadada, manifestando su ideología ilustrada. En 1798 el artista realiza la llamada Capilla Sixtina de Madrid para emular a la romana de Miguel Ángel: los frescos de San Antonio de la Florida, en los que representa al pueblo madrileño asistiendo a un milagro. Este mismo año firma también el excelente retrato de su amigo Jovellanos. El contacto con los reyes va en aumento hasta llegar a pintar La Familia de Carlos IV, en la que el genio de Goya ha sabido captar a la familia real tal y como era, sin adulaciones ni embellecimientos. La Condesa de Chinchón será otro de los fantásticos retratos del año 1800. Los primeros años del siglo XIX transcurren para Goya de manera tranquila, trabajando en los retratos de las más nobles familias españolas, aunque observa con expectación cómo se desarrollan los hechos políticos. El estallido de la Guerra de la Independencia en mayo de 1808 supone un grave conflicto interior para el pintor ya que su ideología liberal le acerca a los afrancesados y a José I mientras que su patriotismo le atrae hacia los que están luchando contra los franceses. Este debate interno se reflejará en su pintura, que se hace más triste, más negra, como muestran El Coloso o la serie de grabados Los Desastres de la Guerra. Su estilo se hace más suelto y empastado. Al finalizar la contienda pinta sus famosos cuadros sobre el Dos y el Tres de Mayo de 1808. Como Pintor de Cámara que es debe retratar a Fernando VII quien, en último término, evitará que culmine el proceso incoado por la Inquisición contra el pintor por haber firmado láminas y grabados inmorales y por pintar la Maja Desnuda. A pesar de este gesto, la relación entre el monarca y el artista no es muy fluida; no se caen bien mutuamente. La Corte madrileña gusta de retratos detallistas y minuciosos que Goya no proporciona al utilizar una pincelada suelta y empastada. Esto provocará su sustitución como pintor de moda por el valenciano Vicente López. Goya inicia un periodo de aislamiento y amargura con sucesivas enfermedades que le obligarán a recluirse en la Quinta del Sordo, finca en las afueras de Madrid en la que realizará su obra suprema: las Pinturas Negras, en las que recoge sus miedos, sus fantasmas, su locura. En la Quinta le acompañaría su ama de llaves, Dª. Leocadia Zorrilla Weis, con quien tendrá una hija, Rosario. De su matrimonio con Josefa Bayeu había nacido su heredero, Francisco Javier. Goya está harto del absolutismo que impone Fernando VII en el país, así que en 1824 se traslada a Francia, en teoría a tomar las aguas al balneario de Plombières pero en la práctica a Burdeos, donde se concentraban todos sus amigos liberales exiliados. Aunque viajó a Madrid en varias ocasiones, sus últimos años los pasó en Burdeos donde realizará su obra final, la Lechera de Burdeos, en la que anticipa el Impresionismo. Goya fallece en Burdeos en la noche del 15 al 16 de abril de 1828, a la edad de 82 años. Sus restos mortales descansan desde 1919 bajo sus frescos de la madrileña ermita de San Antonio de la Florida, a pesar de que le falte la cabeza ya que parece que el propio artista la cedió a un médico para su estudio.  

ARTEHISTORIA

2 comentarios:

Cayetano dijo...

Si exceptuamos las obras de encargo, una característica de este pintor es su tremenda sinceridad. Muy diferente de ese lado amable de Velázquez, la obra de Goya abunda en motivos terribles y mordaces. Ya La familia de Carlos IV es un cuadro tremendo, con ese brazo blanquecino y fofo de María Luisa invadiendo el centro de la composición, nada que ver con ese otro retrato velazqueño de familia real, donde nada chirría, ni siquiera los enanos.
Un gran pintor, víctima de su tiempo.
Un saludo.

Corralesid dijo...

sin embargo y en lo particular creo la mejor pintura es la de sturno devorando un hijo no obstante el remplazo de esta respeto y atenuo el concepto que tenia goya solo que con un fondo mas iluminado