viernes, 18 de noviembre de 2011

SANDRO BOTTICELLI

  Madonna del Magnificat
 Autor:Botticelli
 Fecha:1480-81
 Museo:Galería de los Uffizi
 Características:118 cm. diámetro
 Material:Témpera sobre madera
 Estilo:Renacimiento Italiano

Una de las obras más famosas de Botticelli, realizada para algún importante cliente florentino, posiblemente un miembro de las familias Médici o Rucellai. La gran cantidad de pan de oro empleada indica la riqueza de este cliente anónimo, como se aprecia en los rayos dorados, la corona o los bordados de los ropajes. El nombre de esta Madonna procede de las primeras palabras del himno a María que aparece en la página derecha del libro, mientras que en la izquierda -sobre la que escribe la Virgen- se ha identificado el himno que san Zacarías realizó con motivo del nacimiento de su hijo, san Juan Bautista, patrono de la ciudad de Florencia. María escribe las últimas líneas de ese himno bajo los dictados de su hijo, que dirige la mano de la Virgen. Los cuadros circulares reciben el nombre de tondos, siendo muy populares en la Italia del Renacimiento, sobre todo para decorar palacios o edificios gremiales. Botticelli ya había realizado uno anteriormente, la Epifanía de la National Gallery de Londres, pero esta Madonna del Magnificat resulta una composición mucho más acertada al adaptarse las figuras al marco con una admirable gracia. Así la Virgen se curva para formar un semicírculo en sintonía con el marco, de la misma manera que el ángel que protege a los dos que sujetan el libro agacha su cabeza. En los laterales hay dos nuevos ángeles que incluso se muestran cortados; al fondo, un paisaje deudor de las influencias de la pintura flamenca de los Van Eyck o Rogier van Der Weyden, cuyas obras llegaban a Italia gracias al floreciente comercio entre ambos países. Un arco de medio punto sirve de marco arquitectónico al conjunto, en sintonía con las obras que se realizan en el Quattrocento. Los personajes están sabiamente modelados gracias a la luz, acentuando el aspecto escultórico que Botticelli exhibe tras su relación con los hermanos Antonio y Piero Pollaiolo y Andrea del Verrocchio. La línea domina un conjunto en donde el color tiene también un papel relevante, destacando los tonos rojos y azules acentuados por el pan de oro. La delicadeza de los detalles y la minuciosidad que aporta Botticelli indican su aprendizaje como orfebre en su etapa juvenil, manteniendo un cierto rasgo de goticismo en un conjunto que respira equilibrio y belleza clásica por todas partes. 
 Natividad
 Autor:Botticelli
 Fecha:1500 h.
 Museo:National Gallery de Londres
 Características:108´5 x 75 cm.
 Material:Témpera sobre lienzo
 Estilo:Renacimiento Italiano
El poder de Girolamo Savonarola inició un claro declive en los años centrales de la década de 1490 debido a que su fanatismo casi tiránico encontraba una mayor oposición popular. Ese momento fue aprovechado por sus enemigos, entre los que se incluía el papa Alejandro VI, para darle el golpe definitivo; le acusaron de herejía debido a sus fuertes críticas a la Iglesia católica y le condenaron a muerte. La sentencia se cumplió el 23 de mayo de 1498, siendo colgado públicamente en la Piazza della Signoria de Florencia y posteriormente quemado su cuerpo. Botticelli estuvo muy afectado por estos acontecimientos como recoge en sus escritos, provocando un importante cambio en su pintura como se aprecia en esta Natividad, la única obra firmada y fechada por el artista, en una inscripción en griego que se aprecia en la parte superior de la tabla. La escena que protagoniza la composición se sitúa en el centro: la Virgen adora al Niño, que yace en un sudario blanco, junto a san José y diversos pastores acompañados de ángeles. La Sagrada Familia se encuentra bajo un tejado de paja, a la entrada de una cueva -elimina las referencias arquitectónicas típicas del Quattrocento- destacando el tamaño de la figura de María, la más importante, siguiendo la ley de la jerarquía típica del mundo gótico. Sobre el tejado, tres ángeles, y en la zona superior un Rompimiento de Gloria en el que observamos el cielo dorado que alude a una imagen celestial. Un coro de ángeles con ramas de olivo -símbolo de paz- y cintas de alabanza a María ocupa la parte más elevada del conjunto, alternando los colores de sus vestiduras de manera rítmica. En la zona inferior, sobre la hierba, tres parejas de ángeles y hombres portadores de ramas de olivo se abrazan, junto a varios demonios encadenados. Estas pequeñas figuras cierran el conjunto por el inferior. La interpretación que se hace de esta imagen es una simbología sobre la paz futura que seguirá a las plagas, según se describe en el Apocalipsis de san Juan, demostrando la capacidad de Botticelli para interpretar las exigencias de sus clientes o sus propias ideas. Savonarola había profetizado Su advenimiento, que el artista había calculado en 1503, suponiendo la llegada de la paz definitiva para la Humanidad, como un nuevo Cristo. Las figuras se han hecho más esquemáticas, interesándose más por el mensaje que por cuestiones artísticas, abandonando el interés por la arquitectura y la anatomía, resultando una evidente tendencia arcaica. Estas obras supondrán el declive de Botticelli en la Florencia del Cinquecento ante los jóvenes artistas que estaban iniciando su estilo como Leonardo o Miguel Ángel.
 Calumnia de Apeles
 Autor:Botticelli
 Fecha:1495 h.
 Museo:Galería de los Uffizi
 Características:62 x 91 cm.
 Material:Témpera sobre madera
 Estilo:Renacimiento Italiano
La Calumnia es la última producción mitológica de Botticelli. Desconocemos quién fue el cliente que la encargó lo que ha motivado un aluvión de hipótesis; algunos especialistas consideran que se trata de una referencia directa a la acusación que sufrió el artista en 1502 de mantener relaciones homosexuales con sus discípulos, acusación que no tuvo ninguna consecuencia. También se considera como una obra en la que Botticelli se defiende de Savonarola, el predicador que lanzaba sus sermones contra los florentinos interesados especialmente por lo sensual. A pesar de su contenido, la obra se debe encuadrar en las transformaciones que estaba sufriendo la Florencia de fines del Quattrocento, final de siglo que conllevaba la tensión y el miedo ante la llegada del fin del mundo que gritaban los predicadores. Botticelli presenta a un buen número de personajes en el interior de un palacete típicamente renacentista, con una arquería en el fondo en la que apreciamos las bóvedas de casetones decorados con diversas escenas que se repiten en el friso. En la zona de la izquierda encontramos una figura desnuda que se cubre el sexo con su larga cabellera y con la mano izquierda; se trata de la Verdad, que eleva su brazo derecho al cielo como invocando a los dioses para que reparen esa injusticia: por su postura y su desnudez recuerda al Nacimiento de Venus. Junto a ella se sitúa una anciana oculta bajo negros ropajes; es la Compunción que dirige su mirada hacia la desnuda Verdad. En el grupo principal aparecen diversos personajes: un hombre joven es la Víctima arrastrada por el suelo, desnuda porque no tiene nada que ocultar y en actitud implorante para que se ponga fin a esta situación; la Calumnia le agarra por los cabellos, portando en su mano izquierda una antorcha en relación a la manera de extenderse la calumnia como el humo del fuego; dos bellas jóvenes trenzan los cabellos de la Calumnia con una blanca cinta: la Impostura y la Perfidia, inseparables compañeras de la Calumnia, que bajo su apariencia dulce y serena destrozan a la víctima. Un hombre vestido de oscuro cierra el grupo, agarrando con su mano derecha a la Calumnia; se trata del Odio, que mira al rey de manera acusadora y le señala. En la zona de la derecha apreciamos al Rey, con orejas de burro en su elevado trono, escuchando los consejos de la Ignorancia y la Sospecha, tendiendo su mano al Odio. Todos los personajes están ejecutados soberbiamente, destacando el carácter escultórico con que han sido tratados por Botticelli, ciñendo sus ropajes para resaltar su anatomía. La sensación de movimiento, las referencias a la Antigüedad en la arquitectura y las expresiones de las figuras hacen de esta obra una de las más atractivas del catálogo del artista, dentro de un marcado carácter renacentista. El nombre por el que conocemos esta pequeña tabla viene determinado por una acusación por envidia del pintor griego Antifilos a su colega Apeles. Se le acusaba de provocar una revuelta contra el rey egipcio Ptolomeo IV por lo que fue encarcelado, obteniendo la libertad cuando un auténtico líder de la rebelión manifestó la inocencia del pintor. El rey rehabilitó a Apeles y le concedió a Antifilos como esclavo, realizando el artista una obra en referencia a su caso. La historia se conoce gracias al poeta Luciano, realizando Botticelli una nueva versión del asunto.
Ritratto postumo di Simonetta Vespucci (1476-80 circa) di Sandro Botticelli


En el año 1478 Botticelli pinta esta tabla para Lorenzo di Pierfrancesco, primo del Magnífico. El destino de la obra era su villa campestre de Castello, en las cercanías de Florencia.
En la izquierda de la composición aparece Mercurio, el dios mensajero y del comercio. A su lado se encuentran las Tres Gracias, enlazadas, por sus manos, recordando su postura los pasos de la danza cortesana. El centro de la escena está ocupado por Venus, la diosa del amor y del placer, sobre cuya cabeza se sitúa Cupido, con los ojos vendados y disparando sus flechas. La zona de la derecha está presidida por la Primavera, esparciendo las flores por la tierra. Flora, cuyo desnudo cuerpo es cubierto por un paño transparente, es perseguida por Céfiro, uno de los vientos. El fondo es un bosque que elimina cualquier referencia a la perspectiva.
En este cuadro, Botticelli pone de manifiesto su dominio del color y del dibujo. Las figuras están modeladas con suavidad por luces y sombras, adquiriendo una corporeidad única. Sus miradas y sus cuerpos refuerzan la sensación de armonía y musicalidad que respira el conjunto. Los personajes se representan en la naturaleza, lo que equivale a describirla con la máxima precisión posible, como si se tratara de un ejercicio botánico.
El tema del cuadro está en sintonía con las ideas neoplatónicas de la corte de los Médici, resucitando algunos de los episodios más destacados de la mitología clásica, entendida como saber válido. La obra se vincularía, por lo tanto, con los textos del neoplatónico Poliziano.
En 1469 los "Sei della Mercanzia" - tribunal compuesto por seis miembros que juzgaban los litigios entre los comerciantes florentinos - encargaron a Piero del Pollaiolo una serie sobre las siete virtudes cardinales. Al no presentar el ciclo en el tiempo previsto, se encomendaron dos de las figuras a Botticelli, pintor relativamente desconocido en la Florencia de aquellos momentos que posiblemente recibió el encargo gracias a su vecino Giorgio Antonio Vespucci. Sandro sólo realizó la imagen de la Fortaleza, siendo pagada el 18 de agosto de 1470, convirtiéndose esta figura en la primera obra fechada del pintor. Botticelli ha colocado a la virtud sentada en un trono - en una postura muy similar a la Templanza - pero muy cercana al espectador, situando uno de sus pies fuera de la plataforma. De esta manera el artista quiere introducir al observador en la composición para hacerle partícipe. Los pesados ropajes están realizados con exquisita minuciosidad, destacando la coraza en la que se pone de manifiesto la formación inicial como orfebre de Sandro. Las luces modelan la estructura escultórica de la Fortaleza, en sintonía con los trabajos de Verrocchio o Donatello. Los vivos colores del vestido y del manto contrastan con la oscuridad del fondo, resaltando en el trono y en la tarima la delicadeza de las calidades de la madera. Sujetando un bastón de mando entre sus manos como atributo, la figura pintada por Botticelli transmite su virtud a través de su expresivo rostro y su postura. El joven artista no defraudó a sus clientes y con estos trabajos se situaba en los primeros puestos de la pintura florentina de fines del Quattrocento
 Retrato de un joven
 Autor:Botticelli
 Fecha:1485-90
 Museo:National Gallery de Londres
 Características:37´5 x 28´2 cm.
 Material:Témpera sobre madera
 Estilo:Renacimiento Italiano
Desconocemos la identidad de este joven retratado por Botticelli ante un fondo negro para resaltar la volumetría y centrar nuestra atención en su atractivo rostro. Quizá sea algún miembro de su taller o un paje de la familia Médici, encontrando una interesante relación con un retrato de joven muy similar pintado por el maestro en esas mismas fechas. La figura se presenta de frente, resaltando sus anchas facciones a través de un potente foco de luz que procede de la izquierda. A diferencia de sus primeros retratos, en los que el artista mostraba referencias espaciales, en estos últimos trabajos el fondo neutro hace que nos concentremos en el rostro, destacando la expresividad que transmiten. Los mínimos detalles del traje y la delicadeza de las líneas que constituyen la figura demuestran la elevada capacidad como dibujante que siempre exhibirá Botticelli.
 Regreso de Judith a Betulia
 Autor:Botticelli
 Fecha:1469-70
 Museo:Galería de los Uffizi
 Características:31 x 24 cm.
 Material:Témpera sobre madera
 Estilo:Renacimiento Italiano
La historia bíblica de Judith será una de las favoritas del Renacimiento en Florencia, poniendo en un lugar elevado la figura femenina. Ante el grave riesgo que suponía para los judíos establecidos en Betulia la presencia de las tropas del rey asirio Holofernes, la heroína fue la única persona de su pueblo que demostró suficiente valentía para matar al tirano. Viuda desde hacía unos meses, Judith apenas salía de su casa, ayunaba todos los días y llevaba un cilicio sobre su cuerpo. Ante la desesperada situación de la ciudad sitiada y sin agua, decidió intervenir poniéndose sus mejores galas para destacar su belleza; se encaminó hacia el campamento de Holofernes, quien se prendó de sus encantos, obteniendo del rey cuanto pidiera. Una noche, Holofernes organiza un banquete al que asisten sus generales y la bella Judith con sus mejores vestidos y joyas. Tras abandonar los comensales la tienda del rey, Holofernes yace ebrio sobre su cama, momento que aprovecha Judith para cortarle la cabeza. Acompañada de su criada Abra, regresan a Betulia donde exhiben el trofeo. Los asirios, ante la muerte de su líder, huyen en desbandada, obteniendo el ingenio un sonado triunfo ante la fuerza. El momento elegido por Botticelli para su composición presenta a la bella heroína -que porta la espada de Holofernes y una rama de olivo como símbolo de paz- y a su criada con la cabeza del tirano, en un paisaje. Ambas figuras están captadas en movimiento, reforzado por los pliegues de los paños, pegados a sus cuerpos. Pero también trasmiten serenidad, conjugando dos elementos muy comunes en la obra de Botticelli. Las figuras están sabiamente modeladas gracias al empleo de la luz, destacando su aspecto escultórico, en sintonía con los trabajos de los Pollaiolos y Verrocchio, con los que Sandro se relacionó en estas fechas. El efecto de la perspectiva es un importante logro en esta escena al mostrar un amplio paisaje tras ambos personajes. Las tonalidades del fondo están en sintonía con el vestido de Judith, creando un efecto de delicada belleza. Las pequeñas dimensiones de esta tabla y su compañera -Descubrimiento del cadáver de Holofernes- sugieren que estaríamos ante piezas de gran valor para su propietario, que se guardarían en cofres o estuches para mostrarlas en momentos especiales.
 Desconocido con medalla de Cosme de Médici
 Autor:Botticelli
 Fecha:1475
 Museo:Galería de los Uffizi
 Características:57´5 x 44 cm.
 Material:Témpera sobre madera
 Estilo:Renacimiento Italiano
La anónima identidad del personaje que Botticelli retrata en esta tabla ha motivado diversas hipótesis: desde considerarle un miembro de la todopoderosa familia florentina de los Médici o un simple fabricante de medallas. Entre sus manos encontramos la medalla de Cosme el Viejo por lo que se especula también con la posibilidad de que fuera un ahijado del político y comerciante florentino. La figura se recorta sobre un fondo de paisaje atravesado por un río en el que se refleja la luz dorada, en sintonía con la medalla que protagoniza la composición. La intensa mirada del personaje se dirige al espectador, una de las características de la pintura de Botticelli que se repite en esta primera etapa. Los ojos verdes del caballero se resaltan gracias a la luz que modela su figura, destacando el carácter escultórico del rostro y de las manos. Este tipo de retratos se pondrá de moda entre los miembros de la alta sociedad florentina, que tendrán en Botticelli a su pintor favorito como observamos en el Retrato de dama o el de Giuliano de Médici.
   
Esta Anunciación es una de las obras más importantes entre los trabajos realizados por Botticelli en la década de 1480. Fue encargada por Ser Francesco Guardi, miembro de la burguesía media en la Florencia del Quattrocento, para la decoración de la capilla familiar, elevando así su prestigio social a la vez que obtenía una importante ayuda para su Salvación eterna, según el pensamiento de la época. Las dos figuras se insertan en un espacio cerrado, destacando el contraste entre paredes grises y baldosas rojizas. Tras ese suelo embaldosado contemplamos una puerta abierta a una balconada que permite observar un paisaje de claras reminiscencias flamencas, producto de los intensos contactos comerciales entre Italia y Flandes. Tanto el ángel como la Virgen se sitúan en posturas algo forzadas, remarcando el movimiento a través de los paños. Sus manos son el elemento fundamental de la composición, acercándose pero manteniéndose quietas a la vez, colocándolas en el lugar más observado de la tabla. El ángel quiere tocar a María y ésta admitir el mensaje que le transmite pero Botticelli parece haber detenido el tiempo. Los dos personajes tienen un sensacional aspecto escultórico reforzado por esos amplios paños que cubren sus cuerpos, que demuestra la calidad como dibujante que exhibe el maestro en toda su producción. Los deseos de manifestar la perspectiva a través del suelo embaldosado y el paisaje al fondo relacionan a Botticelli con Mantegna o Piero della Francesca, maestros que buscan el efecto de profundidad para alejarse de la planitud gótica. Los colores empleados por Sandro son de gran viveza, destacando la minuciosidad de los detalles y los pliegues de las telas, mostrándose como un pintor serio aunque con un cierto aire de frialdad, como si faltara un hálito de vida en sus composiciones.  .
 Adoración del Lama, Epifanía
 Autor:Botticelli
 Fecha:1475 h.
 Museo:Galería de los Uffizi
 Características:111 x 134 cm.
 Material:Témpera sobre madera
 Estilo:Renacimiento Italiano
En torno a 1475 Botticelli recibe uno de los encargos más interesantes de esta primera etapa; el cliente era un hombre de baja condición social llamado Gaspar del Lama quien había realizado una meteórica carrera ascendente en la Florencia del Quattrocento. Condenado en la década de 1440 por malversación de fondos públicos, unos años después amasó una considerable fortuna gracias a su trabajo como agente y cambista. Para elevar su categoría decidió ingresar en las hermandades de mayor prestigio, llegando a donar una capilla en la iglesia de Santa María Novella para cuya decoración encargó esta obra a Botticelli. El nombre del mecenas - Gaspar - motivó la elección del tema, repitiendo Botticelli una temática que ya había tratado en dos ocasiones previamente. El asunto está tratado con mayor maestría que en los precedentes, especialmente al dotar de cierta unidad dramática al conjunto. Bajo unas ruinas encontramos a la Virgen con el Niño en sus rodillas, recibiendo la adoración de los Magos, vestidos con suntuosos ropajes que aluden a su procedencia oriental. Los tres reyes rodean a la Sagrada Familia, situándose sus cortes en los laterales de la tabla. Entre esas cortes Botticelli ha incluido a su mecenas - el hombre de pelo cano y túnica azul que, desde la derecha, dirige su mirada hacia el espectador - a los miembros de la familia Médici - la figura que se arrodilla ante la Virgen tiene las facciones de Piero de Médici - para mostrar la relación del cliente con este poderoso clan e, incluso, al propio pintor, en la zona de la derecha y también mirando hacia el espectador. La ruinosa construcción permite contemplar en los laterales una ligera referencia al paisaje y algunas construcciones clásicas. El conjunto está sabiamente compuesto, destacando la variedad de posturas y gestos en las figuras así como la delicadeza de sus ropas y el vivo colorido. Al ascender el suelo de manera suave se aprecian todos los personajes, confluyendo nuestras miradas hacia la Sagrada Familia. El carácter escultórico de las figuras se entiende gracias a la estrecha relación de Botticelli con los hermanos Antonio y Piero Pollaiolo, Andrea del Verrocchio o Donatello, sin olvidar su admiración por las estatuas de la Antigüedad clásica que eran descubiertas en aquellos años en toda Italia.
 Venus y Marte
 Autor:Botticelli
 Fecha:1483
 Museo:National Gallery de Londres
 Características:69 x 173´5 cm.
 Material:Oleo sobre tabla
 Estilo:Renacimiento Italiano
Si bien la temática mitológica es muy reducida en la producción total de Botticelli, no deja de ser sorprendente que se trate de la más popular. Obras como el Nacimiento de Venus, la Primavera, Minerva y el Centauro, la Calumnia o esta composición que conserva la National Gallery de Londres forman parte de la iconografía renacentista más conocida por el gran público, rayando a la misma altura que las obras religiosas.
El apaisado formato y la temática de esta tabla hacen pensar a los especialistas que estamos ante un panel para un banco o arcón, uno de los regalos de boda más habituales entre las elitistas familias florentinas. Al aparecer unas avispas -vespe, en italiano-zumbando alrededor de Marte indican que podría tratarse de un regalo para un miembro de la familia Vespucci, precisamente una de las ramas familiares que había adoptado la avispa en su escudo de armas.
Venus, la diosa del amor y la belleza, aparece vigilante mientras su amante, Marte, el dios de la guerra y símbolo del deseo violento, duerme. Tres traviesos sátiros juegan a su alrededor y ni así consiguen sacarle del profundo sueño. Los amantes aparecen reclinados uno junto al otro, en una gruta formada por un mirto, árbol dedicado a Venus, lo que hace suponer que nos encontramos en un espacio dominado por la diosa del amor, idea reforzada por el gesto y la posición dominante de Venus. La diosa, medio incorporada, observando con mirada atenta y segura a su amante medio desnudo, se cubre con un vestido casi transparente, efecto conseguido gracias a un tenue sombreado que ha sido aplicado sobre un sombreado más ligero con el que ha sido modelada la carne de Venus, definiendo el maestro los contornos con una línea negra, firme y sinuosa. Cintas doradas y un broche de perlas sobre el pecho adornan la blanca túnica de Venus, entendiendo el broche como un símbolo de castidad.
El tema de la tabla es el triunfo del amor sobre la guerra, consiguiendo Venus distraer a Marte de sus acciones bélicas, consiguiendo incluso que los sátiros utilicen sus armas como juguetes. Uno de los sátiros intenta despertarle soplando una concha en su oído mientras otros dos roban la lanza del dios, un cuarto se prueba el casco y un quinto sale gateando de la coraza, mirando con un gesto cargado de picardía. Algunos especialistas consideran que nos encontraríamos ante el tema de la superación del deseo sensual por el amor de Dios, apareciendo el dualismo entre amor terrenal-amor celestial que era tan habitual en el neoplatonismo de Marsilio Ficino.
Botticelli buscó como inspiración un cuadro antiguo pintado por el romano Aetion y que describía Lucano, en el que se narraba la boda entre Alejandro Magno y Roxana, centrándose en el momento en el que los sátiros jugaban con las armas del gran general. Sin embargo, el tratamiento que hace Botticelli apenas presenta deudas con el arte antiguo ya que tanto la armadura como el vestido, las joyas y los peinados están tomados de la moda quattrocentista, al igual que se interpreta como contemporánea la idea de que hacer el amor agota al hombre y da fuerzas a la mujer, idea que a la que se aludía como broma en los esponsales matrimoniales de la época. Más universal e intemporal sería el tema central de la tabla: el amor debe triunfar sobre la guerra.
El Nacimiento de Venus es una de las obras más famosas de Botticelli. Fue pintada para un miembro de la familia Médici, para decorar uno de sus palacios de ocio en el campo. El tema mitológico era habitual en estos emplazamientos campestres, surgiendo imágenes como la Primavera o Venus y Marte. Venus es la diosa del amor y su nacimiento se debe a los genitales del dios Urano, cortados por su hijo Cronos y arrojados al mar. El momento que presenta el artista es la llegada de la diosa, tras su nacimiento, a la isla de Citera, empujada por el viento como describe Homero, quien sirvió de fuente literaria para la obra de Botticelli. Venus aparece en el centro de la composición sobre una enorme concha; sus largos cabellos rubios cubren sus partes íntimas mientras que con su brazo derecho trata de taparse el pecho, repitiendo una postura típica en las estatuas romanas de las Venus Púdicas. La figura blanquecina se acompaña de Céfiro, el dios del viento, junto a Aura, la diosa de la brisa, enlazados ambos personajes en un estrecho abrazo. En la zona terrestre encontramos a una de las Horas, las diosas de las estaciones, en concreto de la primavera, ya que lleva su manto decorado con motivos florales. La Hora espera a la diosa para arroparla con un manto también floreado; las rosas caen junto a Venus ya que la tradición dice que surgieron con ella. Técnicamente, Botticelli ha conseguido una figura magnífica aunque el modelado es algo duro, reforzando los contornos con una línea oscura, como si se tratara de una estatua clásica. De esta manera, el artista toma como referencia la Antigüedad a la hora de realizar sus trabajos. Los ropajes se pegan a los cuerpos, destacando todos y cada uno de los pliegues y los detalles. El resultado es sensacional pero las pinturas de Botticelli parecen algo frías e incluso primitivas. 

Botticelli. Alessandro Di Mariano Filipepi Botticelli. Alessandro Di Mariano Filipepi
Nacionalidad: Italia
Florencia 1444-45 - Florencia 1510
Pintor
Estilo: Renacimiento Italiano
Escuela: Quattrocento , Escuela Italiana

 Sandro Botticelli es el nombre por el que popularmente se conoce al pintor del Quattrocento italiano Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi. Botticelli era el apodo de su hermano mayor, Giovanni, cuya obesidad provocó que el mote de tonelete se extendiera a todos los miembros de la familia. Sandro nació en Florencia hacia 1444-1445, en el seno de una familia humilde de artesanos. Quizá por eso se inició en el arte de la orfebrería, oficio de gran prestigio en el siglo XV. Pero el joven cambió de planes y con 17 años entró en el taller de Fra Filippo Lippi, uno de los pintores florentinos más afamados del Quattrocento. Ese aprendizaje tuvo lugar en Prato y duró unos cinco años. Hacia 1465 Sandro hace sus primeros trabajos bajo la atenta mirada de su maestro, cuyo estilo apreciamos en las Madonnas con Niño realizadas durante estos años. Desde 1470 Botticelli dirige un estudio en la actual Via della Porcelana de Florencia, en una casa adquirida por su padre seis años antes. Será ese año cuando reciba el primer encargo procedente de una institución oficial, la Fortaleza para los "Sei della Mercanzia". La fama del joven pintor venía avalada por obras anteriores como la Epifanía. Su inclusión en la lista de la "Compagnia degli Artisti di San Luca" data de 1472, encontrándose a Filippino Lippi entre los ayudantes o discípulos de Sandro. No en balde, el estilo de ambos maestros será muy similar en aquellas fechas, gustando de las figuras lineales y el empleo de un colorido brillante. En estos primeros años de la década de 1470 realizará escenas de gran belleza como el Regreso de Judith a Betulia, una segunda Epifanía o la Virgen de la Eucaristía. En 1474 se traslada a Pisa para realizar una serie de frescos en el cementerio de la localidad, ejecutando como prueba una escena de la Virgen; por desgracia ni los frescos ni la tabla se conservan. Un año más tarde se iniciará la estrecha relación entre la familia Médici y Botticelli, colaboración que será larga y fructífera. Las obras realizadas en estos últimos años de la década de 1470 - especialmente retratos como el de Giuliano de Médici - aumentarán su prestigio hasta ser llamado en julio de 1481 por el papa Sixto IV para trabajar en la decoración de la Capilla Sixtina junto a Ghirlandaio, Perugino, Pinturicchio o Cosimo Rosselli. La Rebelión contra la Ley de Moisés y la Escena judía y las tentaciones de Cristo son las dos obras ejecutadas en Roma. Acabado el trabajo en la Ciudad Papal, Sandro regresa a Florencia recibiendo la noticia del fallecimiento de su padre. En esta década de 1480, Botticelli realizará sus obras más importantes: la serie de Nastagio degli Onesti, la Madonna del Magnificat o la de la Granada y sus escenas mitológicas - el Nacimiento de Venus o la Primavera - con las que verá aumentar su éxito. No en balde, en estos años obtendrá numerosos encargos de las familias más prestigiosas de Florencia. El Retablo Bardi o la Anunciación indican que su bello estilo está en su momento álgido, estilo que se encuentra a caballo entre los conceptos del Renacimiento y el espíritu del Gótico tardío, integrando en sus obras el pensamiento de sus clientes, por lo que sus encargos fueron numerosos. En la década de 1490 se iniciará la influencia del monje benedictino Girolamo Savonarola en la religiosidad de los florentinos, que afecta al propio Botticelli, cuyo hermano Simone seguirá fervorosamente al clérigo. La muerte de Lorenzo el Magnífico llevará pareja la expulsión de los Médici de la ciudad en 1494, aunque el maestro se mantenga en contacto con ellos. Pero el peso de Savonarola crecerá con fuerza en el ambiente florentino y las obras de Sandro sufrirán un giro hacia el ascetismo, como comprobamos en la Piedad, la Coronación de la Virgen o la famosa tabla de la Calumnia de Apeles. La situación económica del pintor no debe ser mala ya que adquiere junto a su hermano una villa con vistas al Arno. El 7 de febrero de 1497 Savonarola realizará la primera "hoguera de las vanidades" en Florencia, donde serán quemados numerosos objetos de lujo, considerándose que Botticelli llegó a arrojar al fuego algunos de sus trabajos. Algo más de un año después Savonarola será ahorcado y quemado en la hoguera acusado de herejía; el fallecimiento del clérigo afectará mucho al ánimo del pintor, aumentando el ascetismo en sus trabajos como observamos en la Natividad de 1500, la única obra firmada y fechada que se conserva. Hacia 1500 el estilo de Sandro era totalmente superado por el de Leonardo o Miguel Ángel. En 1502 será acusado anónimamente de mantener relaciones homosexuales con sus ayudantes y discípulos, acusación que afortunadamente para el artista no tendrá consecuencias judiciales ni sociales ya que dos años después sería miembro de la comisión que decidió el emplazamiento de la estatua del David de Miguel Ángel. Botticelli falleció en Florencia el 17 de mayo de 1510, siendo enterrado su cuerpo en el cementerio de Ognissanti, ocupado en la actualidad por diversos edificios.

textos extraidos de 
http://www.artehistoria.

3 comentarios:

PACO HIDALGO dijo...

Botticelli es el auténtico maestro del dibujo del Renacimiento, además de un gran humanista, que hace alegorías con un fondo moral en la corte de los Médicis. Un placer saludarte, Isthar. Besos.

isthar dijo...

Hola Paco, un gusto saludarte y agradecer tu visita. No habia entrado porque estaba en Paris, con mi hija que vino de USA, estoy re feliz.
Botticelli es uno de mis preferidos, es sencillamente maravilloso.
Te comento que he puesto dos comentarios en tu blog, pero no aparecen, tampoco aparecen en otros blogs amigos, si sabes como arreglar esto dime porfa.
Un abrazo
Marissa

"Simonetta Vespucci" dijo...

Hola amiga,que bien leerte de nuevo,me alegro de tus buenas noticias,aqui estoy como siempre deleitandome en la obra de uno de mis pintores favoritos,sumergida en pleno Renacimiento.
Un gran abrazo,siento que sigas teniendo dificultades para comentar.En mi blog se ha publicado bien tu saludo.
Con afecto,
Ana.